Hay personas que parecen entender fácilmente cómo se sienten los demás. Saben escuchar, detectan cuándo algo no va bien y suelen encontrar las palabras adecuadas en momentos difíciles.
Otras, en cambio, pueden tener dificultades para comprender qué está sintiendo otra persona o para ponerse en su lugar.
Pero ¿la empatía es simplemente una característica de la personalidad? ¿Nacemos con ella o podemos desarrollarla a lo largo de la vida?
La respuesta es más compleja de lo que parece.
La empatía es una capacidad humana relacionada con la manera en que entendemos a los demás, interpretamos sus emociones y respondemos ante lo que les sucede. No es una única habilidad, sino que incluye diferentes componentes que interactúan entre sí.
Y lo más interesante es que algunos de estos componentes pueden entrenarse y mejorar con la práctica.
En este artículo te explicamos qué es realmente la empatía, cómo influye en nuestras relaciones y qué estrategias podemos utilizar para desarrollarla en el día a día.
¿Qué es exactamente la empatía?
Podemos definir la empatía, de forma sencilla, como la capacidad de intentar comprender lo que otra persona está viviendo o sintiendo y responder teniendo en cuenta su perspectiva.
Pero hay una diferencia importante:
tener empatía no significa sentir exactamente lo mismo que la otra persona.
Cuando somos empáticos, intentamos comprender su experiencia sin perder de vista que sigue siendo una experiencia diferente de la nuestra.
Por eso la empatía implica dos cosas al mismo tiempo:
- comprender a la otra persona,
- y mantener la conciencia de que no somos ella.
Esta distinción es importante porque la empatía no consiste simplemente en “absorber” las emociones de los demás.
¿Qué tipos de empatía existen?
Cuando hablamos de empatía solemos pensar en una única capacidad, pero la psicología distingue diferentes dimensiones.
Empatía cognitiva 🧠
Es la capacidad de comprender qué puede estar pensando o sintiendo otra persona.
Por ejemplo:
“Entiendo que estés enfadado porque esperabas otra cosa.”
No necesariamente sentimos lo mismo que la otra persona. Simplemente intentamos comprender su perspectiva.
Esta capacidad es especialmente importante en la comunicación y en la resolución de conflictos.
Empatía afectiva ❤️
Tiene más relación con nuestra respuesta emocional ante lo que vive otra persona.
Cuando vemos a alguien sufriendo, por ejemplo, podemos experimentar una reacción emocional ante su sufrimiento.
Esta dimensión puede facilitar la conexión con los demás, pero también necesita regulación. Si absorbemos constantemente las emociones de los demás sin establecer límites, podemos acabar emocionalmente agotados.
Empatía y compasión no son exactamente lo mismo
También es importante diferenciar la empatía de la compasión.
La empatía nos ayuda a comprender o compartir parcialmente la experiencia emocional de otra persona.
La compasión implica, además, una actitud orientada a cuidar o ayudar a esa persona.
Por ejemplo:
Empatía: “Entiendo que esta situación te está haciendo sufrir.”
Compasión: “Entiendo que estás sufriendo y quiero ayudarte si puedo.”
Esta diferencia es especialmente interesante porque nos recuerda que comprender a los demás no significa necesariamente tener que cargar con su sufrimiento.
¿Por qué es importante la empatía en nuestra vida diaria?
La empatía está presente en muchas situaciones cotidianas, aunque no siempre nos demos cuenta.
En las relaciones de pareja
Una discusión no siempre se resuelve demostrando quién tiene razón.
A veces es más útil intentar comprender qué hay detrás de lo que está diciendo la otra persona.
En lugar de pensar:
“Está exagerando.”
podemos preguntarnos:
“¿Qué puede estar haciendo que esto sea tan importante para ella?”
Esto no significa darle la razón. Significa intentar comprender su perspectiva antes de responder.
En la familia
Las diferencias entre generaciones pueden provocar muchos malentendidos.
Los padres pueden no entender determinadas preocupaciones de sus hijos y los hijos pueden no comprender los miedos de sus padres.
La empatía permite dar un paso atrás e intentar mirar la situación desde la experiencia del otro.
En las amistades
Un amigo no siempre necesita consejos.
A veces simplemente necesita sentir que alguien le ha escuchado.
Una frase tan sencilla como:
“Entiendo que esto te haya afectado.”
puede ser mucho más útil que intentar solucionar inmediatamente el problema.
En el entorno laboral
La empatía también tiene un papel importante en la comunicación profesional.
Entender que un compañero está pasando por una situación complicada puede cambiar completamente la manera en que interpretamos su comportamiento.
Esto no significa justificarlo todo, sino incorporar más información antes de juzgar.
La empatía no significa estar de acuerdo con los demás
Este es uno de los errores más frecuentes.
Podemos comprender perfectamente por qué una persona piensa o actúa de una determinada manera y, al mismo tiempo, no estar de acuerdo con ella.
Por ejemplo:
“Entiendo por qué lo ves así, pero yo lo interpreto de otra manera.”
Esta frase puede ser mucho más constructiva que:
“Estás equivocado.”
La empatía no elimina las diferencias. Nos ayuda a gestionarlas mejor.
¿Por qué algunas personas son más empáticas que otras?
No existe una única respuesta.
La capacidad empática está influida por diferentes factores: características personales, desarrollo, experiencias, relaciones y contexto.
También puede variar según la situación.
Podemos ser muy empáticos con una persona cercana y tener más dificultades para comprender a alguien con quien tenemos poco en común.
Además, cuando estamos cansados, estresados o emocionalmente saturados, puede resultar más difícil escuchar con atención y responder con calma.
Por eso no deberíamos interpretar una falta puntual de empatía como una característica permanente de una persona.
¿Se puede aprender a ser más empático?
Sí.
Esta es probablemente una de las preguntas más interesantes sobre la empatía.
La investigación sobre el entrenamiento de la empatía sugiere que determinadas intervenciones pueden mejorar diferentes dimensiones de la capacidad empática. Los resultados son especialmente interesantes en aspectos como la toma de perspectiva, la comunicación y determinados comportamientos empáticos, aunque los efectos pueden variar según el tipo de entrenamiento.
Esto nos lleva a una idea importante:
no necesitamos esperar a que la empatía “aparezca” espontáneamente. Algunas habilidades relacionadas con ella se pueden practicar.
¿Cómo podemos mejorar la empatía?
No existe un ejercicio mágico que nos convierta en personas más empáticas de un día para otro.
Pero sí podemos entrenar determinados hábitos.
1. Escuchar antes de preparar la respuesta 👂
Uno de los errores más habituales en una conversación es pensar qué vamos a responder mientras la otra persona todavía está hablando.
Intentar escuchar realmente implica:
- no interrumpir,
- no preparar inmediatamente una respuesta,
- dejar terminar a la otra persona,
- e intentar comprender qué nos quiere transmitir.
A veces escuchar bien es más importante que encontrar la respuesta perfecta.
2. Hacer preguntas en lugar de hacer suposiciones
Cuando interpretamos rápidamente lo que piensa otra persona, podemos equivocarnos.
En lugar de:
“Estás enfadado conmigo.”
podemos preguntar:
“¿Te ha molestado algo de lo que he hecho?”
Una pregunta abre la conversación.
Una suposición puede cerrarla.
3. Intentar mirar la situación desde la otra perspectiva
Un ejercicio sencillo es preguntarnos:
“¿Cómo viviría yo esta situación si estuviera en su lugar?”
No se trata de imaginar que somos exactamente esa persona, porque no conocemos toda su historia.
Se trata simplemente de intentar ampliar nuestra perspectiva.
4. Aprender a identificar las emociones
Para comprender mejor a los demás también ayuda reconocer nuestras propias emociones.
Podemos empezar preguntándonos:
- ¿Qué estoy sintiendo?
- ¿Qué ha provocado esta emoción?
- ¿Cómo está influyendo en mi manera de interpretar la situación?
Cuanto más familiarizados estamos con nuestras propias emociones, más fácil puede resultar reconocerlas y comprenderlas en los demás.
5. No juzgar demasiado rápido
Cuando alguien actúa de una manera que no entendemos, es fácil buscar inmediatamente una explicación:
“Es egoísta.”
“No le importa nadie.”
“Siempre hace lo mismo.”
Una alternativa más empática es dejar un pequeño espacio antes de juzgar:
“Quizás hay algo que desconozco.”
Esta pequeña pausa puede cambiar mucho la manera en que nos relacionamos.
6. Validar no significa dar la razón
Validar una emoción significa reconocer que existe.
Podemos decir:
“Entiendo que esto te haya hecho sentir mal.”
sin afirmar:
“Por lo tanto, tienes razón.”
Esta distinción es especialmente útil durante las discusiones.
Reconocer una emoción no nos obliga a compartir una opinión.
7. Practicar la curiosidad
Una persona empática no tiene por qué tener todas las respuestas.
A veces simplemente tiene curiosidad por comprender.
Preguntar:
“¿Cómo lo has vivido?”
“¿Qué es lo que más te ha preocupado?”
“¿Qué necesitas ahora?”
puede ser más útil que ofrecer inmediatamente una solución.
¿Se puede ser demasiado empático?
A primera vista puede parecer extraño plantearlo.
Pero también es importante hablar de los límites.
La empatía no significa tener que asumir los problemas de los demás como si fueran propios.
Si una persona está constantemente expuesta al sufrimiento de los demás y tiene dificultades para regular sus propias emociones, puede acabar sintiéndose emocionalmente agotada.
Por eso una empatía saludable también necesita:
- conciencia de los propios límites,
- capacidad para regular las emociones,
- descanso,
- y saber cuándo ayudar y cuándo tomar distancia.
Ser empático no significa decir que sí a todo.
También podemos comprender a una persona y, al mismo tiempo, establecer un límite.
Empatía y bienestar emocional
Nuestras relaciones tienen un papel importante en el bienestar cotidiano.
Sentirnos escuchados, comprendidos y conectados con otras personas puede influir en la manera en que vivimos las situaciones difíciles.
En el ámbito sanitario, además, diferentes investigaciones han relacionado una mayor empatía con mejores experiencias de los pacientes y algunos resultados clínicos. También existen estudios que sugieren que la empatía de los profesionales sanitarios puede mejorarse mediante formación.
Esto nos recuerda algo que también forma parte de nuestra manera de entender la farmacia:
una buena atención sanitaria no consiste únicamente en dar una respuesta correcta. También consiste en escuchar a la persona que tenemos delante.
Empatía: una capacidad que podemos seguir desarrollando
Quizás nunca seremos capaces de comprender completamente lo que siente otra persona.
Y tampoco es necesario.
El objetivo no es convertirnos en personas que sienten exactamente lo mismo que los demás.
Es aprender a:
- escuchar mejor,
- juzgar menos rápidamente,
- hacer preguntas,
- comprender perspectivas diferentes,
- reconocer las emociones,
- y responder con mayor sensibilidad.
La empatía no es una característica que simplemente tenemos o no tenemos.
Es una capacidad compleja que, en parte, podemos seguir desarrollando a lo largo de la vida.
Y quizás una de las mejores maneras de empezar sea muy sencilla:
La próxima vez que alguien te cuente algo, intenta comprenderle antes de intentar responderle. 💚
Preguntas frecuentes sobre la empatía
¿Qué es la empatía?
La empatía es la capacidad de intentar comprender los pensamientos y emociones de otra persona y responder teniendo en cuenta su perspectiva, sin confundir su experiencia con la propia.
¿Una persona puede aprender a ser más empática?
Sí. La investigación indica que determinadas habilidades relacionadas con la empatía pueden entrenarse, especialmente aspectos como la toma de perspectiva, la comunicación y determinados comportamientos empáticos.
¿La empatía es lo mismo que ponerse en el lugar de los demás?
Es una manera sencilla de explicarla, pero la empatía es más compleja. Incluye tanto la comprensión de la perspectiva de otra persona como, en algunos casos, una respuesta emocional ante lo que está viviendo.
¿Empatía significa estar de acuerdo con la otra persona?
No. Podemos comprender cómo se siente una persona y, al mismo tiempo, no compartir su opinión.
¿Se puede ser demasiado empático?
Una gran sensibilidad ante las emociones de los demás también puede resultar agotadora si no va acompañada de regulación emocional y límites personales. Ser empático no significa asumir los problemas de los demás como propios.
¿Cómo puedo empezar a mejorar mi empatía?
Algunos buenos puntos de partida son escuchar sin interrumpir, hacer preguntas antes de hacer suposiciones, intentar comprender otras perspectivas y evitar juzgar demasiado rápido.
Una última reflexión
En Farmacia Roser Miró creemos que cuidar la salud también implica cuidar la manera en que nos relacionamos con las personas que nos rodean.
Por eso, detrás de cada consulta farmacéutica hay siempre una persona, con sus preocupaciones, sus circunstancias y sus necesidades.
Escucharla y comprenderla también forma parte de cuidar.